Mantenerse activo a partir de los sesenta años implica una estrategia de ejercicio más refinada que una simple reducción de la intensidad. El entrenador Marcos Flórez subraya que el envejecimiento requiere una atención especial a la recuperación y a la capacidad de los músculos para mantener su funcionalidad. No importa si se ha entrenado toda la vida o si se está empezando, la clave es adaptar el entrenamiento a las capacidades individuales, priorizando la resistencia muscular y la fuerza. Este enfoque proactivo no solo mejora la movilidad y la agilidad, sino que también protege la densidad ósea y optimiza el metabolismo. En definitiva, iniciar un plan de ejercicio a esta edad es una inversión vital para preservar la independencia y la calidad de vida en las décadas venideras.
El día 15 de agosto de 2026, el reconocido entrenador Marcos Flórez, director de Estarenforma, compartió sus valiosas perspectivas sobre la actividad física para personas mayores de 60 años. Flórez enfatizó que la clave no radica en reducir el ejercicio, sino en adaptarlo inteligentemente a las necesidades y capacidades individuales, destacando la importancia de una adecuada recuperación entre sesiones.
Según Flórez, para preservar la autonomía en la tercera edad, es crucial concentrarse en la capacidad muscular. Propone un entrenamiento que vaya más allá de la fuerza máxima, enfocándose en la resistencia muscular y la hipertrofia para asegurar que los músculos puedan responder eficazmente en las actividades diarias, como caminar o subir escaleras. También resaltó que nunca es tarde para comenzar, ya que incluso quienes se inician a esta edad pueden lograr mejoras significativas en su musculatura y movilidad.
El especialista advierte que limitarse solo al ejercicio cardiovascular es insuficiente, ya que el entrenamiento de resistencia es fundamental para mantener el tejido muscular, prevenir caídas y fortalecer la densidad ósea en áreas críticas como la cadera y la columna. Además, un buen tono muscular contribuye a un metabolismo más eficiente.
Flórez sugiere una variedad de opciones para el entrenamiento, desde máquinas guiadas en gimnasios, que ofrecen seguridad inicial, hasta ejercicios con mancuernas, poleas o bandas elásticas, que incorporan un componente neuromuscular. Recomienda controlar la velocidad de los movimientos para evitar lesiones en los tendones y subraya que el mayor error es entrenar con poca intensidad por miedo.
Respecto a la frecuencia, el entrenador propone un mínimo de días alternos para permitir una recuperación adecuada, pero insiste en que incluso una o dos sesiones semanales bien estructuradas pueden generar beneficios sustanciales. Su mensaje es claro: empezar a entrenar a los 60 es una inversión en la capacidad de seguir viviendo de forma independiente y plena a los 80.
La perspectiva de Marcos Flórez sobre el ejercicio en la vejez nos invita a reflexionar sobre la importancia de una vida activa no como una obligación, sino como una verdadera inversión en nuestra autonomía futura. Su enfoque de adaptar el ejercicio en lugar de reducirlo resuena profundamente, ya que subraya que la edad no es una barrera para el bienestar, sino una etapa que requiere una estrategia más consciente y personalizada. Me parece particularmente inspirador que destaque que nunca es tarde para empezar, ofreciendo una dosis de esperanza y motivación para aquellos que quizás se sienten desanimados por los años. La idea de que cada sentadilla o levantamiento de pesas hoy se traduce en la capacidad de subir escaleras o levantarse de una silla mañana, transforma el concepto de ejercicio de una tarea a una promesa de libertad. Esta visión nos anima a replantearnos nuestra relación con el movimiento y a reconocer que cuidar nuestro cuerpo es el mejor seguro para una vejez digna y activa.