En los últimos años, deportes como el muay thai y las artes marciales mixtas (MMA) han experimentado un auge, atrayendo a numerosos entusiastas a los gimnasios. Sin embargo, esta popularidad viene acompañada de un riesgo de salud poco conocido: la tiña. Esta infección cutánea es provocada por un tipo específico de hongo, conocido como dermatofito, que se nutre de la queratina, una proteína abundante en la superficie de la piel humana.
La naturaleza de los deportes de contacto, que implican fricciones intensas y roces constantes entre los atletas, crea un escenario propicio para la aparición de microheridas en la piel. Estas pequeñas lesiones sirven como puertas de entrada para el dermatofito. Si un practicante infectado entra en contacto estrecho y prolongado con otros, el hongo puede transferirse fácilmente, iniciando un nuevo ciclo de infección. Adicionalmente, las condiciones de calor y humedad que caracterizan a los gimnasios, y en particular a los tatamis, son ideales para la proliferación de estos organismos fúngicos.
La tiña no solo se transmite por el contacto directo. Las escamas de piel desprendidas de un individuo infectado pueden depositarse en superficies compartidas, como el tatami, y ser recogidas por otros. Un ejemplo común es el pie de atleta, una variante de tiña que a menudo se subestima. Quienes la padecen pueden, sin saberlo, propagar el hongo a otras partes de su cuerpo, como las ingles, al usar la misma toalla después de la ducha. Por ello, una higiene post-entrenamiento rigurosa, incluyendo una ducha completa con jabón y un secado meticuloso, comenzando por las partes menos propensas a la infección y terminando por los pies, es esencial.
Identificar la tiña a tiempo es crucial. Las lesiones fúngicas suelen comenzar como una pequeña mancha que crece progresivamente, asemejándose a una mancha de aceite. A menudo, el centro de la lesión puede dar la impresión de estar sanando, mientras que el borde exterior continúa expandiéndose. En el caso del pie de atleta, las lesiones suelen iniciarse como pequeñas grietas entre los dedos, extendiéndose gradualmente para afectar toda la zona. La auto-vigilancia diaria, especialmente después de la ducha y prestando atención a áreas menos visibles como las ingles y los pies, es una herramienta clave para una detección temprana.
La prevención y el tratamiento adecuado de la tiña son fundamentales para controlar su propagación. La limpieza exhaustiva de las instalaciones deportivas, en particular de los tatamis, es vital; se recomienda su desinfección con agua y jabón después de cada clase. Ante la confirmación de una infección, la consulta con un especialista es indispensable, ya que el tratamiento varía según la extensión y el estado de la lesión, pudiendo requerir cremas tópicas o medicamentos orales. El auto-diagnóstico y la auto-medicación deben evitarse, dado que algunos tratamientos, como los que contienen cortisona, pueden agravar la infección y fomentar la resistencia del hongo.
El momento para reanudar el entrenamiento después de una infección por tiña depende de la gravedad y la ubicación de la lesión. Si la tiña es pequeña, localizada y se está tratando eficazmente con crema, es posible regresar al tatami a los pocos días de iniciar el tratamiento. Sin embargo, si la lesión es extensa o se encuentra en una parte del cuerpo muy expuesta, es recomendable abstenerse de entrenar para evitar el riesgo de contagio a otros compañeros. La prudencia y la responsabilidad son clave en la gestión de esta condición.
La tiña no confiere inmunidad, lo que significa que un individuo puede contraerla múltiples veces. Aunque generalmente es curable, sin un tratamiento adecuado puede cronificarse y extenderse. La dermatóloga Cristina Galván Casas señala una preocupación creciente: la aparición de tiñas resistentes a los tratamientos convencionales, atribuida en parte al uso incorrecto de medicamentos y a los efectos del cambio climático. Estos hongos, aunque esenciales para el equilibrio ecológico, pueden convertirse en un problema persistente si no se abordan con seriedad. La especialista concluye enfatizando la dualidad de los hongos: su importancia ecológica frente a su potencial patogénico.