Una planificación inteligente en el ámbito de la salud, que priorice la prevención y se enfoque en la obtención de resultados concretos, es esencial para fomentar el desarrollo económico y el bienestar general en los países latinoamericanos. Esta región, que se enfrenta a restricciones fiscales y a una población que, aunque vive más años, lo hace con una salud cada vez más deteriorada, encuentra en esta estrategia un camino prometedor.
Según el Director de Datos y Análisis de Salud del Centro de Salud McKinsey, Brad Herbig, una asignación de recursos bien pensada en salud puede potenciar significativamente los beneficios económicos para Latinoamérica, al mejorar tanto la calidad de vida de sus habitantes como su capacidad productiva. Herbig subraya que la inversión insuficiente en medidas preventivas genera gastos mayores a futuro, cuando las enfermedades ya están avanzadas y son más costosas de tratar.
Actualmente, los países latinoamericanos destinan apenas el 5% de su presupuesto de salud a la prevención, una cifra que contrasta drásticamente con la necesidad. El Centro de Salud McKinsey estima que una inversión estratégica podría incrementar el Producto Interno Bruto (PIB) regional en un 7%. En comparación, el promedio de inversión en salud en Latinoamérica es del 3.7% del PIB, mientras que en naciones de ingresos más altos alcanza el 7.9%.
Herbig enfatiza un cambio crucial en la perspectiva: en lugar de ver la salud como un mero gasto, se debe reconocer como una inversión que genera un retorno considerable. Este enfoque es clave para comprender los efectos positivos de una población saludable en la productividad y en el impulso del desarrollo económico de la región.
Los estudios del Centro de Salud McKinsey revelan una tendencia preocupante: a medida que aumenta la esperanza de vida en Latinoamérica, también lo hace el número de años vividos con una salud deficiente. Se proyecta que para 2050, la esperanza de vida será de 80 años, de los cuales 12.1 años se vivirán con mala salud, en comparación con los 10.9 años en 2025.
Para revertir esta tendencia, es imprescindible adoptar inversiones estratégicas que no solo mejoren la calidad de vida, sino que también estimulen la economía y aseguren la sostenibilidad fiscal. Herbig destaca que cada dólar invertido en salud en la región podría generar un retorno de 2.4 dólares.
Programas como "Sumar" en Argentina, que vincula el financiamiento a resultados y ha reducido la mortalidad neonatal intrahospitalaria en un 74%, son ejemplos de éxito. Asimismo, la Ley de Etiquetado y Publicidad de Alimentos en Chile ha logrado disminuir el contenido de azúcar en los productos, demostrando el impacto positivo de políticas preventivas bien implementadas.