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La fase silenciosa del Alzheimer complica su detección temprana

10/05 2026

La enfermedad de Alzheimer, una forma prevalente de demencia, presenta un desafío particular debido a su naturaleza asintomática prolongada. Antes de que se manifiesten los primeros signos de deterioro cognitivo, como la pérdida de memoria, el cerebro experimenta cambios patológicos significativos. Esta fase preclínica, que puede durar entre 10 y 20 años, involucra la acumulación anómala de proteínas como la beta-amiloide y la tau. Comprender esta progresión silenciosa es crucial para el desarrollo de estrategias de diagnóstico temprano y para la implementación de tratamientos que puedan modificar el curso de la enfermedad.

El Dr. Juan García Caldentey, neurólogo de renombre en el Hospital Quirónsalud Palmaplanas, enfatiza que la demencia de tipo Alzheimer es la principal causa de deterioro cognitivo, abarcando entre el 60% y 70% de todos los diagnósticos. La patología subyacente radica en el plegamiento incorrecto de dos proteínas esenciales. Primero, la proteína beta-amiloide se deposita en el espacio extracelular, formando placas seniles entre las neuronas. En segundo lugar, la proteína tau sufre alteraciones dentro de las propias neuronas, dando lugar a ovillos neurofibrilares.

Este proceso acumulativo induce una desconexión progresiva en las redes cerebrales, culminando en la destrucción gradual de las neuronas. La degeneración, inicialmente focalizada en las regiones temporales y mediales del cerebro —áreas fundamentales para la memoria—, se propaga con el tiempo a otras áreas de la corteza cerebral, según las observaciones del especialista. La manifestación más común y temprana del Alzheimer es el deterioro de la memoria reciente.

En las etapas iniciales de la enfermedad, los individuos pueden experimentar olvido recurrente de conversaciones recientes, eventos o citas, así como la repetición constante de las mismas preguntas o comentarios. Es común que pierdan objetos cotidianos con frecuencia y muestren una dificultad notable para asimilar y retener nueva información. Es importante destacar que, a diferencia de la memoria a corto plazo, la memoria de largo plazo y los recuerdos antiguos suelen mantenerse intactos en las fases iniciales, lo que a veces lleva a las familias a subestimar los primeros indicios.

A medida que la neurodegeneración progresa y se extiende desde los centros de memoria hacia otras áreas cerebrales, los síntomas se vuelven más variados y severos. Esto incluye un impacto global en la conducta, el lenguaje, la orientación y las capacidades motoras. Dada la ausencia actual de un tratamiento curativo, las intervenciones terapéuticas se concentran en mitigar o retrasar el avance del deterioro, una vez que se identifican los síntomas iniciales.

Desde una perspectiva neurológica, el reconocimiento temprano de estos signos permite a los especialistas aplicar diversas estrategias terapéuticas. Estas buscan ralentizar la progresión de la enfermedad, que generalmente se presenta en una fase preclínica, seguida de una etapa sintomática precoz con un deterioro cognitivo leve y, finalmente, la fase de demencia avanzada. Por lo tanto, el Dr. García Caldentey insiste en la relevancia de estar atentos a las señales de advertencia iniciales y buscar una evaluación neurológica especializada ante cualquier indicio de deterioro cognitivo.