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La Sabiduría de Pearl S. Buck: Actuar Más Allá de los Sentimientos para Vivir Correctamente

07/15 2026

En la búsqueda de una vida plena y coherente, surge la interrogante sobre el papel de nuestras emociones en la toma de decisiones. ¿Debemos siempre actuar de acuerdo con lo que sentimos? La perspectiva de la psicóloga Irene Giménez, en consonancia con la sabiduría de la premio Nobel Pearl S. Buck, sugiere que la madurez emocional reside en la capacidad de diferenciar entre sentir y actuar. Reconocer nuestras emociones es vital, pero no debemos permitir que estas dicten nuestras acciones de forma impulsiva, especialmente cuando estas impulsan comportamientos que contradicen nuestros valores y objetivos a largo plazo.

La cita de Pearl S. Buck, «No puedes obligarte a sentir algo que no sientes, pero sí puedes obligarte a hacer lo correcto a pesar de tus sentimientos», encapsula una profunda verdad sobre la experiencia humana. Esta declaración no busca reprimir las emociones, sino establecer una distinción crucial entre la experiencia interna y la conducta externa. En la vida cotidiana, a menudo nos encontramos ante situaciones donde nuestras emociones, como el enfado o el miedo, nos inclinan a reaccionar de manera precipitada. Sin embargo, la psicología nos enseña que tenemos la capacidad de pausar y elegir una respuesta más deliberada y constructiva.

Irene Giménez, una destacada psicóloga de Top Doctors, enfatiza que las emociones, aunque valiosas como mensajeras de nuestro estado interno, no deben ser consideradas como instrucciones inquebrantables. Al convertir cada emoción en un mandato para la acción, corremos el riesgo de perder nuestra libertad psicológica y la capacidad de tomar decisiones conscientes. Ella distingue entre la reacción impulsiva, que surge de las partes más primarias del cerebro, y la respuesta racional, que emana del córtex. La habilidad de crear un espacio entre estas dos, de reflexionar antes de actuar, es un pilar fundamental de la madurez emocional.

La sabiduría popular de "contar hasta diez" antes de reaccionar tiene un sólido respaldo psicológico. Este lapso de tiempo nos permite reconocer la emoción subyacente y el pensamiento automático que la genera, sin dejar que nos domine. Este margen evita que una emoción transitoria se convierta en una decisión con repercusiones duraderas. Ejemplos de esto incluyen responder mensajes acalorados, terminar relaciones en medio de discusiones o abandonar proyectos por temor. Elegir la respuesta, en lugar de dejarse llevar por la reacción, nos permite alinear nuestras acciones con nuestros valores a largo plazo.

La expresión "hacer lo correcto" trasciende una connotación moralista. Para Giménez, se trata de actuar en consonancia con nuestros principios fundamentales y aquello que sabemos que nos beneficia a largo plazo. Cuando nuestras acciones y valores se desalinean, surge la disonancia cognitiva, un conflicto interno que a menudo se manifiesta como malestar emocional. Los valores actúan como una brújula interna, guiándonos cuando la emoción y la razón entran en conflicto. Es fundamental revisar periódicamente estos valores para asegurarnos de que sigan siendo auténticamente nuestros y no meramente herencias.

La motivación, a menudo percibida como un requisito previo para la acción, en realidad puede manifestarse como una consecuencia de haber comenzado. Esperar el momento perfecto o la inspiración ideal puede retrasar el progreso. Pequeños pasos sostenidos, en lugar de esperar una gran oleada de motivación, suelen ser mucho más efectivos. Finalmente, es crucial diferenciar entre reprimir una emoción y no dejarse dominar por ella. Reprimir implica negar lo que sentimos, mientras que elegir no actuar impulsivamente desde una emoción es reconocerla, validarla y, al mismo tiempo, ejercer control sobre nuestra conducta. Sentir es inevitable, pero elegir cómo actuar es un acto de libertad consciente y empoderamiento personal.