En la era digital actual, la inteligencia artificial (IA) se ha posicionado como una herramienta poderosa para acceder a información de forma rápida y sencilla. Sin embargo, cuando se trata de aspectos tan delicados como la salud y la nutrición, expertos advierten sobre los peligros de confiar ciegamente en sus recomendaciones. El nutricionista Aitor Sánchez, la coach nutricional Klau Gago, y el Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas-Nutricionistas, enfatizan que, si bien la IA puede ser útil para resolver dudas generales o entender conceptos, no debe reemplazar el asesoramiento personalizado de un profesional de la salud. Su capacidad para ofrecer respuestas «convincentes» sin considerar el contexto individual de cada persona representa un riesgo significativo.
La capacidad de la inteligencia artificial para procesar y presentar información de manera estructurada y coherente es innegable. Podemos consultar sobre alimentos antiinflamatorios, suplementos para la energía o estrategias para controlar la ansiedad alimentaria. Las respuestas llegan de inmediato, ofreciendo una aparente solución a nuestras inquietudes. No obstante, Klau Gago subraya que la inmediatez no es sinónimo de idoneidad, especialmente en cuestiones de bienestar. Una cosa es buscar conocimiento y otra muy distinta es tomar decisiones cruciales para la salud sin una comprensión profunda del contexto.
Según Klau Gago, experta en nutrición consciente, la IA puede ser un excelente recurso para organizar ideas, aclarar conceptos o incluso preparar preguntas para una consulta médica. Sin embargo, su limitación surge cuando se pretende que esta tecnología sustituya la atención individualizada. Las personas recurren a la IA impulsadas por necesidades genuinas: sentirse hinchadas, fatigadas, ansiosas o confusas con su alimentación. La herramienta les ofrece una respuesta inmediata, pero el verdadero problema surge cuando esta orientación genérica se convierte en una decisión personal sin una evaluación integral de todos los factores influyentes.
Aitor Sánchez, dietista-nutricionista, advierte que la IA tiende a "adular" y a encontrar el lado positivo de cualquier propuesta, incluso si no es lo más beneficioso para la salud. Esta tendencia puede llevar a que los usuarios adopten recomendaciones poco saludables. Compara esta situación con la planificación de viajes, donde las sugerencias de la IA a menudo requieren verificación manual. Si esto ocurre en áreas menos críticas, la cautela debe ser aún mayor cuando se trata de la salud. Una respuesta bien formulada y persuasiva de la IA no garantiza que sea la más adecuada o fundamentada en la evidencia científica.
La IA, siendo una herramienta lingüística, carece de la capacidad para considerar factores esenciales en una valoración nutricional completa. No puede evaluar la relación emocional de una persona con la comida, sus antecedentes médicos, resultados de análisis clínicos, patrones de sueño, niveles de estrés, entorno personal o la sostenibilidad de sus hábitos diarios. Todos estos elementos son cruciales para que un profesional de la salud diseñe un plan nutricional seguro y efectivo. La información que proporciona la IA, sin el respaldo de una comprensión profunda de estos aspectos, puede ser incompleta o incluso perjudicial.
El Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas-Nutricionistas ha calificado el uso de la inteligencia artificial para el diseño de dietas como un "intrusismo profesional". Insisten en la necesidad de una regulación para este tipo de aplicaciones, especialmente en el ámbito sanitario. Destacan que la información generada por la IA puede ser inexacta o estar desactualizada. Además, estas plataformas no tienen en cuenta aspectos individuales críticos como alergias, intolerancias alimentarias, patologías preexistentes o las preferencias personales, lo que las hace inherentemente inadecuadas para ofrecer orientación nutricional personalizada.
En el ámbito de la salud, la alimentación y el bienestar emocional, la velocidad de la respuesta no es el factor más importante. Lo que se necesita es una evaluación cuidadosa y una perspectiva que vaya más allá de las palabras, que entienda lo que no se dice explícitamente y que acompañe al individuo con un contexto adecuado para su proceso de mejora.