La inteligencia artificial ha penetrado profundamente en el mundo de los niños y adolescentes. Datos recientes de Common Sense Media revelan que el 86% de los jóvenes entre 9 y 17 años ya utilizan esta tecnología, y casi una cuarta parte lo hace diariamente. Sin embargo, un preocupante 41% de estos usuarios nunca ha conversado con sus padres sobre cómo emplearla de manera segura. Además, un tercio ha recurrido a la IA para hablar de asuntos personales o emocionales, y más de la mitad para obtener consejos de salud, con un alarmante uno de cada seis encontrando contenido inapropiado.
Prohibir el uso de la IA no es la solución, sino educar a los jóvenes para que comprendan su verdadero propósito. Es fundamental enseñarles qué capacidades tiene la IA y cuáles son sus limitaciones, enfatizando que no debe tomar decisiones cruciales por ellos. María José Escalona, experta en inteligencia artificial de la Universidad de Sevilla, subraya que la IA es una herramienta potente que puede asistir en tareas académicas y fomentar la comunicación familiar, pero advierte sobre el riesgo de aislamiento y la toma de decisiones erróneas si se percibe como algo más que un mero instrumento.
No es necesario esperar a que surjan problemas para hablar sobre la IA. Se recomienda iniciar conversaciones tempranas con los niños, preguntándoles sobre su conocimiento y uso de estas herramientas, así como sus percepciones sobre sus capacidades. UNICEF aconseja integrar estas explicaciones en la vida diaria para clarificar las posibilidades y restricciones de la IA.
Los jóvenes deben entender que una respuesta convincente de la IA no siempre es sinónimo de verdad. La inteligencia artificial puede ofrecer información incorrecta, sesgada o incompleta, lo que hace imperativo enseñarles a cuestionar sus resultados. Un estudio de Common Sense Media muestra que solo un tercio de los menores sabe que la IA no distingue fiablemente entre hechos y ficción. Una regla práctica es verificar información importante en fuentes confiables.
Es crucial instruir a los niños sobre la información sensible, como nombres completos, direcciones o contraseñas, que no deben compartir con la IA. UNICEF sugiere abordar específicamente la privacidad y revisar las configuraciones de las herramientas. Una regla sencilla es preguntar: '¿Se lo dirías a un desconocido?' Si la respuesta es no, tampoco es aconsejable compartirlo con la inteligencia artificial.
Aunque la IA pueda simular una conversación, los niños deben comprender que no sustituye las relaciones humanas. Es vital que entiendan que la IA no es un amigo, médico o profesor, y que no puede ofrecer el mismo apoyo emocional que una persona de confianza.
En situaciones importantes, como problemas de salud, preocupaciones personales o conflictos, la respuesta de un chatbot no debe ser la última palabra. La IA puede proporcionar información general, pero las decisiones significativas requieren la orientación de padres, educadores o profesionales de la salud. Es fundamental reforzar que el apoyo humano es insustituible para cuestiones trascendentales.
El uso de la IA no debe limitarse a discusiones sobre riesgos. Se anima a los padres a explorar la tecnología con sus hijos, realizando experimentos juntos, como contrastar las respuestas de la IA con fuentes fiables o identificar sus posibles errores. Esta interacción colaborativa convierte el aprendizaje en una experiencia enriquecedora.
Más allá del tiempo de pantalla, es vital observar cómo los niños utilizan la IA. UNICEF advierte sobre signos de alerta como el uso excesivo, cambios de comportamiento, la búsqueda de apoyo emocional en la IA en lugar de personas, o cuando la tecnología desplaza actividades importantes como el sueño, las amistades o los pasatiempos. El objetivo es que la IA sea una herramienta útil, no una muleta de la que depender, proporcionando a los niños criterios sólidos para su uso responsable.