A pesar de seguir rigurosamente los consejos para una buena higiene del sueño, muchas personas continúan experimentando noches de insomnio. El psicólogo Rafael Santandreu, en su obra 'Dormir cuando no puedes dormir', enfatiza que la causa principal del insomnio a menudo reside en nuestra psique, lo que explica por qué los hábitos superficiales no siempre son suficientes. Santandreu argumenta que se ha aplicado una solución errónea al problema, ya que, a pesar de la creciente conversación sobre la higiene del sueño, la prevalencia del insomnio sigue en aumento. Esto subraya la necesidad de abordar las dimensiones mentales del descanso.
Santandreu señala que el insomnio ha alcanzado proporciones epidémicas, afectando a casi la mitad de los adultos en España. Aunque las causas pueden ser orgánicas (médicas), una gran parte del problema radica en factores psicológicos. Es fundamental, por lo tanto, buscar un diagnóstico médico para descartar cualquier problema fisiológico y, si es necesario, considerar tratamientos farmacológicos. Sin embargo, cuando el origen es mental, el enfoque debe cambiar. El experto destaca tres principales impulsores del insomnio psicológico: las preocupaciones diurnas, la desprogramación cerebral y el miedo a no poder dormir, todos ellos con soluciones viables.
El insomnio provocado por las preocupaciones diarias es el más común y lo ha experimentado casi todo adulto en algún momento. Escenarios como una discusión o un problema laboral pueden generar un estado de alerta que impide el sueño. Este tipo de insomnio no es patológico, sino una respuesta natural del cuerpo al estrés. Santandreu explica que la clave para superarlo está en aprender a gestionar los pensamientos negativos y ansiosos durante el día. La psicología cognitiva, inspirada en filósofos como Epícteto, ofrece herramientas para transformar nuestro diálogo interno, reconociendo que no son los eventos en sí los que nos afectan, sino nuestra interpretación de ellos.
Para aliviar las preocupaciones que nos roban el sueño, es esencial cambiar la forma en que nos hablamos a nosotros mismos. En lugar de caer en el pensamiento positivo superficial, que carece de una base sólida, la psicología cognitiva sugiere un enfoque más realista: aceptar los hechos objetivos y reformular nuestras creencias irracionales. Esto implica reducir la autoexigencia y el dramatismo en nuestros pensamientos. Santandreu propone también distinguir entre deseos y necesidades, reconociendo que la felicidad no depende de la consecución de metas absolutas. Un ejercicio efectivo es la técnica de 'la peor fantasía', que consiste en visualizar el peor escenario posible para relativizar las adversidades y comprender que, incluso en el fracaso, la vida continúa.
Nuestro cuerpo tiene la capacidad de regular el sueño de forma autónoma, despertándonos a la misma hora cada mañana. Sin embargo, hábitos como el sueño ligero e interrumpido pueden desprogramar este ritmo natural. El insomnio por desprogramación cerebral, que puede durar años y causar un gran sufrimiento, también tiene solución. Santandreu enfatiza que, al igual que nuestro cerebro puede aprender a dormir superficialmente, también puede ser reeducado para volver a un sueño profundo y reparador. La clave es el entrenamiento consciente de la mente.
Para reeducar el cerebro y recuperar el sueño profundo, Santandreu recomienda la terapia de restricción del sueño, un método respaldado por la ciencia. Aunque pueda parecer paradójico, esta técnica consiste en limitar deliberadamente el tiempo en la cama para aumentar el deseo de dormir y consolidar el sueño. El proceso implica calcular el tiempo real que se duerme y luego acostarse a una hora posterior, levantándose siempre a la misma hora. Una vez que se logra un sueño continuo y profundo, se puede adelantar gradualmente la hora de acostarse, permitiendo que el cerebro se readapte y recupere su capacidad de dormir profundamente de forma natural. Este método, desarrollado por expertos como el Dr. Michael Perlis, demuestra que el sueño es una habilidad que puede reaprenderse.
El tercer tipo de insomnio psicológico se origina en el miedo a no poder dormir, generando un círculo vicioso de ansiedad. Este temor anticipatorio activa el sistema de alerta del cuerpo, impidiendo la relajación necesaria para conciliar el sueño. Cuanto más se intenta evitar el problema, más se refuerza la idea de un peligro inminente. Santandreu explica que la mente, al huir del miedo, lo fortalece.
Para romper el ciclo del miedo a no dormir, la terapia de exposición es un método eficaz. Similar a las técnicas utilizadas para los ataques de pánico, esta terapia consiste en enfrentar deliberadamente aquello que nos causa temor. En el caso del insomnio, significa pasar una noche en vela a propósito, con la intención de aprender a estar cómodo en la cama sin dormir. Al aceptar el malestar y dejarlo pasar, la mente deja de percibir el insomnio como una amenaza. Santandreu asegura que al rendirse a la situación, se produce una “magia” que permite conciliar el sueño, a veces, con una sola vez. Estos enfoques psicológicos demuestran que el buen dormir es una habilidad que se puede aprender y recuperar.