Una investigación innovadora, fruto de la colaboración entre el Parc Sanitari Pere Virgili y el Vall d'Hebron Institut de Recerca, ha revelado que una evaluación física concisa, conocida como Short Physical Performance Battery (SPPB), puede identificar con precisión a individuos de edad avanzada con cáncer que enfrentan un mayor riesgo de fallecimiento en el transcurso de un año. Este avance es crucial para personalizar el tratamiento en el ámbito de la oncología geriátrica, ofreciendo una herramienta pronóstica eficaz y de fácil aplicación. La prueba SPPB, que evalúa el equilibrio, la velocidad al caminar y la fuerza en las extremidades inferiores, ha demostrado tener una capacidad predictiva similar a la de métodos más elaborados para determinar la fragilidad, pero con la ventaja de ser rápida y objetiva, pudiendo ser administrada por profesionales de la salud sin formación geriátrica específica. Este estudio subraya la importancia de la fragilidad como un indicador más fiable que la edad cronológica para orientar las decisiones terapéuticas.
El estudio, titulado 'Predicting One-Year Mortality in Older Cancer Patients: Performance of G8, SPPB, and IF-VIG in the PROFIT Study', abarcó a 229 pacientes mayores de 65 años diagnosticados con diversos tipos de cáncer, incluyendo pulmonar, prostático, colorrectal y otros gastrointestinales. Los participantes fueron atendidos en centros como el Parc Sanitari Pere Virgili, el Hospital Universitario de Navarra y el Institut Català d’Oncologia de Girona. Al inicio de la investigación, se aplicaron tres herramientas para evaluar la fragilidad: la SPPB, el cuestionario G8 y el Índice de Fragilidad IF-VIG. Los resultados confirmaron que los pacientes clasificados como frágiles presentaban más del doble de probabilidad de fallecer en comparación con los no frágiles, incluso después de ajustar por factores como la edad, el sexo y la presencia de otras comorbilidades. Este hallazgo enfatiza que la fragilidad es un factor determinante para la toma de decisiones clínicas, permitiendo adaptar los tratamientos oncológicos a la capacidad fisiológica y funcional de cada individuo.
El Dr. Marco Inzitari, director general del Parc Sanitari Pere Virgili e investigador principal del proyecto PROFIT, destacó que la fragilidad es un predictor mucho más valioso que la edad al momento de definir estrategias terapéuticas. Esta perspectiva permite una evaluación integral del paciente, optimizando la intensidad del tratamiento y preservando su calidad de vida. La relevancia de este enfoque se acrecienta ante las proyecciones de la Organización Mundial de la Salud, que anticipan un aumento significativo en los nuevos diagnósticos de cáncer para 2050, lo que hace imperativo desarrollar métodos que permitan una gestión más personalizada y eficaz de la enfermedad en la población envejecida.
Al comparar las tres herramientas de evaluación, la SPPB y el IF-VIG demostraron una capacidad superior para predecir la mortalidad a un año en comparación con el cuestionario G8. Específicamente, los pacientes identificados como frágiles mediante la SPPB mostraron un riesgo de mortalidad 2.53 veces mayor que los no frágiles, un resultado muy similar al obtenido con el IF-VIG (2.42), a pesar de que este último requiere una evaluación más exhaustiva y compleja. Este estudio marca la primera publicación científica derivada del proyecto europeo PROFIT (Personalizing the Approach to Frail Oncology Patients through Assessment and Individualized Intervention), financiado por la Asociación Española Contra el Cáncer. La segunda fase de este proyecto explorará si un programa personalizado de ejercicio físico e intervenciones nutricionales puede contribuir a preservar la reserva funcional y mejorar los desenlaces clínicos en esta población de pacientes.
La implementación de pruebas como la SPPB representa un paso adelante fundamental en la medicina oncológica, permitiendo a los equipos médicos formular planes de tratamiento más ajustados y considerar la vulnerabilidad individual de cada paciente. Esta capacidad de estratificación del riesgo no solo mejora la calidad de la atención, sino que también contribuye a optimizar los recursos sanitarios al dirigir intervenciones más intensivas a quienes más las necesitan y evitar tratamientos excesivamente agresivos en pacientes con menor tolerancia. La investigación recalca la necesidad de integrar evaluaciones funcionales en la práctica clínica rutinaria para ofrecer una atención más humana y eficaz a los pacientes mayores con cáncer.