Abordar y superar el cáncer de mama constituye una odisea aún más complicada en las naciones en desarrollo. Un porcentaje significativo de las muertes globales por esta enfermedad ocurre en estos territorios, caracterizados por la casi nula presencia de oncólogos especializados, un acceso desafiante a los tratamientos por múltiples factores y un persistente estigma social hacia las mujeres. Alrededor del 80% de los fallecimientos por cáncer de mama y cuello uterino tienen lugar en países de bajos o medianos ingresos. Además, los expertos en salud global proyectan un incremento del 150% en el número de casos de cáncer en estas regiones para el año 2050, según datos de Médicos Sin Fronteras (MSF).
Una de las manifestaciones más palpables de la desigualdad en el manejo del cáncer de mama entre países ricos y pobres es la precariedad en el acceso a terapias y la escasez de personal médico cualificado. La radioterapia, por ejemplo, demanda una infraestructura compleja y costosa que requiere una inversión sustancial. La adquisición de medicamentos quimioterápicos representa otro de los mayores desafíos en las naciones de ingresos bajos y medianos, donde las cadenas de suministro operan de manera deficiente.
El tratamiento del cáncer, de por sí costoso, rara vez está disponible de forma gratuita para las mujeres en los países pobres. Y, aun cuando logran acceder a él, no hay garantía de continuidad durante el tiempo necesario. Los desabastecimientos frecuentes obligan a las pacientes a recurrir a farmacias privadas, donde los precios son prohibitivos, y el acceso a terapias innovadoras está completamente fuera de su alcance. Esto lleva a una significativa pérdida de seguimiento de las pacientes una vez diagnosticadas, muchas de las cuales no regresan a consulta. La accesibilidad, tanto geográfica como en términos de seguridad, es una causa primordial de la interrupción del tratamiento, especialmente en regiones donde las capacidades médicas se concentran en las capitales, haciendo que los viajes y la estancia sean inviables para quienes viven en áreas remotas.
El estigma asociado al cáncer de mama, y a los tumores de órganos femeninos en general, acarrea una profunda carga simbólica vinculada a la representación de la feminidad. Es común que, ante la posibilidad de una mastectomía, las mujeres rechacen el tratamiento, especialmente si no tienen acceso a la cirugía reconstructiva. Para derribar estas barreras, los testimonios de supervivientes se presentan como una herramienta invaluable, permitiendo a las pacientes compartir sus experiencias y ofrecer apoyo a quienes inician el camino.
Los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) brindan atención oncológica integral, desde el cribado hasta el tratamiento y los cuidados paliativos, en diversas naciones. En Malí, el programa de MSF y sus colaboradores en Bamako atendió a más de 2.300 mujeres con cáncer de mama o cuello uterino entre 2021 y 2025. Un estudio retrospectivo de MSF en Malí, que analizó los resultados del tratamiento entre 2019 y 2022, mostró avances a pesar de las dificultades. Aunque solo una cuarta parte de las pacientes fue diagnosticada en fases tempranas, la proporción mejoró con el tiempo, y las tasas de supervivencia globales fueron del 91% después del diagnóstico y del 72% a los tres años. Estas cifras, si bien prometedoras, deben interpretarse con cautela debido al elevado porcentaje de pacientes cuyo estado de supervivencia se desconoce, destacando la necesidad de continuar fortaleciendo los sistemas de seguimiento y apoyo.